Mientras que la inteligencia artificial continúa siendo un tema de discusión, las compañías detrás de varios de estos modelos se enfrentan a problemas que parece que no pueden ser solucionados exclusivamente a través de la tecnología o la ingeniería. Para abordar desafíos de seguridad y regulación de contenidos, estas empresas actualmente están recurriendo a otra disciplina: la filosofía.
Según un reporte de New Scientist, las compañías de IA están contratando cada vez más a doctores en filosofía. El trabajo de los nuevos integrantes de estas empresas sería hacer sus modelos más confiables y capaces; al mismo tiempo, se espera que aporten conocimiento sobre la conciencia y si la inteligencia puede replicarse únicamente mediante software.
Los filósofos que están siendo contratados trabajarían también en resolver preguntas como “¿qué hacen las mentes?, ¿qué hacen los cerebros? y ¿qué de esos procesos podría replicarse?”. Y, por otro lado, sus funciones incluirían ayudar a disminuir las “alucinaciones” de las inteligencias artificiales y acercarse a definir si realmente esta tecnología muestra capacidades de sentir.
“Temas que se han investigado en los departamentos de filosofía durante décadas cómo tomar decisiones racionales, cómo sistematizar los principios morales, qué se considera pensamiento, razonamiento o introspección, qué se considera evidencia de consciencia de repente tienen un valor inmenso para las empresas de IA”, le dijo Jonathan Birch de la London School of Economics and Political Science a New Scientist. “Por lo tanto, naturalmente, estamos presenciando una enorme fuga de cerebros”.
Una de las tareas más desafiantes que tienen los filósofos que llegan a estas empresas es ayudar a que los modelos sean más seguros y que, por ejemplo, no revelen contenido o instrucciones sobre cómo crear una bomba.
A los estudiantes de filosofía se les enseña razonamiento inferencial y lógica, lo cual puede ser útil para desarrollar cadenas de pensamiento más largas, como lo llaman los expertos en IA. Pero el verdadero desafío radica en encontrar la manera de crear modelos de IA más seguros. Y esto, sin duda, se ha convertido en una prioridad a medida que estos modelos se vuelven mucho más potentes”, aseguró Benjamin Sutherland, reportero de The Economist, para la NPR.
“Como especialista en ética, una forma de entender lo que hacemos es intentar definir la forma y el alcance de conceptos como lo correcto y lo incorrecto, o lo bueno y lo malo, e intentar determinar qué cosas entran dentro de ellos, tanto en el uso común como conceptualmente, y ese parece ser precisamente el tipo de análisis que realiza el programa”, le dijo Shane Glackin a New Scientist.
Parte del problema está en que en el pasado se habían puesto reglas y regulaciones a través de medios informáticos. Sin embargo, estos fueron fáciles de evadir y, además, según el reporte de New Scientist, una vez se le pedía a una IA que rompiera una regla para una situación específica, el modelo extrapolaba esa instrucción a otros casos. Desde la filosofía, los laboratorios detrás de esta tecnología podrían encontrar la respuesta a “¿por qué sucede esto?”.
Para Sutherland, hay diferentes escuelas de pensamiento que podrían llegar a tener incidencia sobre los modelos de IA. Por un lado, cree que modelos como Claude de Anthropic se decantan más por una corriente deontológica, mientras que otros podrían acudir al consecuencialismo. Sin embargo, considera que, debido a la presión de diversos gobiernos por regular la IA, la corriente deontológica podría imponerse sobre las demás.
Mientras que unos ven estas oportunidades como un cambio interesante para el sector, otros apuntan a que las habilidades de los filósofos podrían estar mejor aprovechadas en otras tareas como ayudar a los ingenieros a desentrañar lo que sucede dentro de los modelos.
Del otro lado de la moneda, Birch advirtió a New Scientist que esta tendencia y este trabajo filosófico financiado por empresas de IA podrían llegar a ser algo negativo por posibles conflictos de interés. “De forma explícita o implícita, las empresas tienen expectativas que desean que se cumplan y tienen el poder de favorecer a los autores que presentan argumentos e ideas que les resultan interesantes. Ojalá hubiéramos avanzado más en las grandes cuestiones de la filosofía sobre la conciencia, la capacidad de decisión, la moralidad, etc. antes de la llegada de la IA. De haberlo hecho, habríamos estado mejor preparados. La IA ha conferido ahora una enorme urgencia a estas cuestiones, y aun así, las respuestas todavía parecen lejanas”, dijo.
Hace poco menos de una década, estudiar filosofía traía implícita una pregunta: “¿Y de qué vas a vivir?”. Como muchas otras carreras de la rama de Humanidades, la filosofía registraba una baja tasa de inserción laboral. Según datos publicados en 2023 por EuropaPress, la tasa de paro de los graduados en Filosofía era 20 veces superior a la de los egresados en Ingeniería electrónica.
Sin embargo, en pleno auge de la IA, las empresas que la están entrenando y evolucionando se han dado cuenta de algo: no necesitan ingenieros para programar, lo que necesitan es fichar filósofos que definan cómo debe pensar un modelo y cómo debe comportarse una IA que habla con millones de personas cada día. La demanda ha alcanzado un nivel que sus sueldos compiten con los de cualquier ingeniero senior.
De Sócrates a definir la IA. Estudiar filosofía era una apuesta arriesgada por sus pocas salidas profesionales (principalmente docentes) y unos salarios precarios. Pero algo ha cambiado en el sector que menos se esperaba: el de la tecnología de vanguardia que estaba desarrollando la AGI.
Según se recogía en un artículo publicado en The Atlantic, en 2013 apenas el 1% de las ofertas publicadas en PhilJobs, el portal de empleo académico, mencionaban la inteligencia artificial en la descripción de sus ofertas. En 2025, esa cifra ya rozaba el 16%. Y buena parte de esas plazas eran puestos junior. Es decir, se incorporan a empresas tecnológicas incluso con perfiles con poca experiencia.
Por qué una empresa de IA necesita un filósofo. La razón de este cambio es que las empresas han conseguido que la IA sea capaz de procesar datos emulando el funcionamiento de una red neural humana, pero sus interacciones son con humanos, por lo que sus respuestas y decisiones deben ir en sintonía a los valores éticos y morales de la humanidad. Los filósofos llevan siglos estudiando precisamente eso.
Anthropic es quizá el caso más claro. Su filósofa Amanda Askell lidera el equipo que da forma al carácter del modelo, y en enero de 2026 publicó lo que la propia compañía llama la constitución de Claude, un documento de más de veinte mil palabras que fija los valores que debe seguir el sistema. Según explica la propia empresa, ese texto se usa directamente en el entrenamiento del modelo. Askell contó a la revista Time que su forma de abordar este trabajo es como si tratara con un niño de altas capacidades: “hay que ser honesto, porque un niño listo detecta enseguida cuándo alguien le está mintiendo”.
“La necesidad de filósofos surge ante dilemas complejos, como la ética algorítmica y el control sobre las máquinas que toman decisiones por nosotros .”
“Este cambio de paradigma nos lleva a preguntarnos si una IA podrá tener emociones reales algún día , un terreno donde la filosofía es indispensable.”
“El camino hacia la IA General (AGI) y cómo cambiará nuestra vida requiere no solo código, sino una comprensión profunda de lo humano.”
“No es casualidad que este perfil sea tan demandado hoy; de hecho, ahora es el mejor momento para hablar de la evolución de la IA y su impacto en el empleo.”
