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Elon Musk afirma que Terafab, su nueva fábrica de chips, será “50 veces más grande que el Pentágono” noticias actualizadas para hoy 12 de Agosto de 2026.

agosto 12, 2026

Elon Musk, director ejecutivo de SpaceX y Tesla, anunció que la planta de semiconductores Terafab será “50 veces más grande que el Pentágono” una vez finalizada. El proyecto, ubicado en Grimes County, Texas, aspira a transformar el sector tecnológico con una inversión inicial de USD 16.800 millones.

La magnitud prevista para Terafab marca un hito en la industria manufacturera. Musk aseguró en la red social X que, tras su finalización, esta fábrica de chips podría convertirse en “el más grande y valioso del mundo”.

Aunque la comparación directa con el Pentágono que cuenta con aproximadamente 613.000 metros cuadrados sugiere que el tamaño anunciado por Musk superaría incluso los 30,65 millones de metros cuadrados, la compañía confirmó por el momento que la planta rebasará los 9,29 millones de metros cuadrados. Esta cifra ya cuadruplica la superficie combinada del Pentágono, Apple Park, Mall of America y Giga Texas, que suman 2,32 millones de metros cuadrados.

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Origen y objetivos del proyecto

La iniciativa surgió ante la preocupación de Musk por la incapacidad de los proveedores actuales de semiconductores para cubrir las necesidades futuras de Tesla en materia de computación. El concepto se presentó públicamente en noviembre de 2025 como una ampliación del modelo de gigafactoría. En marzo de 2026, se detalló que la planta se situaría junto a la sede de Tesla en Austin.

La colaboración entre SpaceX y Tesla se formalizó como una empresa conjunta, a la que más tarde se sumó Intel. La alianza apunta a fabricar chips que abastezcan procesos de computación espacialvehículos avanzados y sistemas robóticos humanoides.

Musk indicó que la planta empleará el proceso de manufactura 14A de Intel, aunque los planes podrían ajustarse en función del desarrollo tecnológico. La demanda conjunta de chips para SpaceX y Tesla se estima en más de 1 teravatio (TW) de capacidad de cómputo, según publicó la compañía en su sitio web. Este volumen ilustra el papel estratégico de Terafab para el suministro de componentes dedicados a aplicaciones intensivas en procesamiento.

Costos, empleo y proyección a largo plazo

La inversión inicial de USD 16.800 millones no representa el techo presupuestario del proyecto. Documentos presentados para la exención de impuestos en mayo revelaron que la primera fase podría ascender a USD 55.000 millones, con un gasto total potencial de hasta USD 119.000 millones en fases sucesivas. Además de la suma inicial, se prevé una expansión progresiva en función de las necesidades industriales.

La planta espera contratar al menos 3.000 empleados, incluidos residentes de Grimes County y el vecino Brazos County. En junio de 2026, las autoridades locales aprobaron por mayoría una exención total del impuesto predial tras la votación de los comisionados del condado, lo que facilita el desarrollo industrial en la región.

Compromisos ambientales

SpaceX y Tesla se comprometieron a abastecerse con agua proveniente del embalse Gibbons Creek Reservoir, y así evitar extraer de los mantos acuíferos locales. De ese manera, tratarán de contrarrestar la mala imagen de los recientes proyectos tecnológicos ante la mirada ecologista.

Ambas compañías delinearon medidas para el tratamiento y reutilización de aguas residuales, así como la gestión de materiales peligrosos y subproductos industriales generados en la manufactura de semiconductores. El plan incluye el cumplimiento estricto de las regulaciones ambientales.

El alcance final y el coste definitivo de Terafab dependen de la evolución tecnológica y la demanda futura. Hasta ahora, el proyecto representa uno de los mayores desafíos industriales impulsados por el sector privado en Estados Unidos. Las declaraciones de Elon Musk y la dimensión confirmada por la empresa señalan un cambio de escala en la fabricación de semiconductores, con posibles repercusiones en la industria global.

Por fin sabemos qué aspecto tiene la mítica Terafab de Elon Musk. Tesla y SpaceX mostraron el jueves un vídeo de su avanzada fábrica de microchips. Con un coste de 16.800 millones de dólares, ocupará unos 9,29 millones de metros cuadrados en el condado de Grimes, Texas, a unos 72 kilómetros al noroeste del centro de Houston. El edificio de ciencia ficción es tan inmenso que en Manhattan solo cabrían seis de ellos. Elon Musk, el director ejecutivo de ambas empresas, recurrió el jueves a X para declararlo “el edificio más grande y valioso de la Tierra con diferencia”.

Salvo que en realidad no lo es porque no existe. Al igual que tantos otros grandilocuentes proyectos de Musk, como los que utilizó para vender la inflada salida a bolsa de SpaceX, es solo una recreación virtual megamolona y gigafuturista.

Críticas y cuestionamientos

El anuncio se produce en medio de la oposición de parte de los habitantes del condado de Grimes, donde cerca de 900 residentes presentaron esta semana una petición para exigir mayores controles sobre los grandes proyectos industriales que reciben incentivos públicos, ante preocupaciones por su impacto en el suministro de agua y electricidad y la contaminación.

La elección de Grimes refuerza además la presencia de las empresas de Musk en Texas, donde SpaceX trasladó su sede mundial y opera Starbase, su complejo de lanzamiento y desarrollo de la nave Starship, en el sur del estado.

La compañía también cuenta con una fábrica de equipos para su servicio de internet satelital Starlink en Bastrop, cerca de Austin.

Terafab, una capacidad productiva de chips sin precedentes que multiplica la de España y Europa

El nombre con el que se ha bautizado a este proyecto sin precedentes en la historia de la humanidad, Terafab, comprime en una sola palabra el objetivo de Musk. Es la unión de teravatios (TW) de potencia de cálculo informático y capacidad de procesamiento para inteligencia artificial. Y fab. En el argot tecnológico, a las fábricas de chips se las conoce con ese término (de fabrication facility, en español planta o instalación de fabricación o producción). A los centros más grandes se les denomina megafabs o gigafabs, como las de TSMC en Taiwán, Arizona (Estados Unidos) y Japón o las de Intel en Irlanda, Israel y también en Arizona. Pero la futura planta de Musk salta al siguiente prefijo numérico del sistema internacional por su capacidad de fabricación (kilo, mega, giga, tera) y por ello el magnate ha decidido bautizar de esta forma su proyecto faraónico dejando claro que supera todo lo conocido hasta ahora en capacidad productiva.

La planta de Tesla y SpaceX se pondrá en marcha inicialmente con una producción de 100.000 obleas de silicio al mes (el estándar real de la industria de semiconductores), lo que la situará desde el principio al nivel de las mayores gigafabs actuales de Intel o TSMC. Pero la capacidad máxima una vez escalado el complejo, con nuevas inversiones que elevarán el presupuesto muy por encima del anunciado inicialmente, será de un millón de obleas al mes.

Lo que se traducirá en la fabricación de entre 100.000 y 200.000 millones de chips al año de nodos de 2 nanómetros (la tecnología de vanguardia más avanzada del mercado, pasando por encima directamente desde sus inicios de las de 3 y 4 nanómetros que producen otros proveedores en la actualidad). La capacidad de producción de Terafab duplicará la de España, Francia e Italia juntos.

La importancia estratégica de fabricar chips propios también se refleja en las restricciones y disputas internacionales por el acceso al hardware de inteligencia artificial. Un caso reciente es el de Taiwán y la investigación por el presunto contrabando de chips de Nvidia hacia China.

La apuesta de Musk por Terafab también se relaciona con su visión de un futuro dominado por la inteligencia artificial y los robots, en el que la automatización transformará la economía y el trabajo humano. Elon Musk pronostica que la Inteligencia Artificial superará a la humana en cinco años y anticipa una economía dominada por robots,

La construcción de fábricas y centros de datos para inteligencia artificial exige enormes cantidades de energía y recursos, un desafío que podría generar tensiones económicas y tecnológicas a escala mundial. Puedes ampliar esta perspectiva en ¿Se avecina un colapso mundial por el auge imparable de la inteligencia artificial?

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